El día en el que todo se ve mal, siempre todo termina por verse bien. Este post está dedicado a una de mis más queridas compañeras: las paradojas, también llamadas coincidencias. ¿Te puedes imaginar a alguien exactamente igual a ti, pero que no eres tú? Yo no. Las cosas suceden de cierta forma que tomas un camino tan intrincado que es difícil que exista alguien igual a ti. Sólo para probar el punto, actualmente existen más de 11,500 millones de páginas web. Sin embargo, hace apenas una semana pude fácilmente encontrar un dominio disponible. Así también están los ejemplos de Ende y de Borges que afirman que con la combinación de sólo 27 caracteres se pueden encontrar todos los escritos, sus variantes y desviaciones, traducciones, versiones e interpretaciones. Las posibilidades de que ocurra que cuando tiras un dado de veintisiete caras aparezca una obra de arte son cercanas a cero. Si es así con un número fijo de posibilidades (27), ¿cuánto más complicada es una coincidencia (o paradoja)?
Yo creo que es, paradójicamente, en estas coincidencias donde se encuentra claramente la libertad, por decirlo así, vista desde el espejo. La persona X está hablando con la persona A de la persona R. Justo en ese momento, suena el teléfono y resulta que la persona R le llama a la persona A y le dice que se está en un café y vio a alguien que se parece muchísimo a A. La persona R, es absolutamente libre y por eso llama. La persona X es absolutamente libre y por eso habla de la persona R. La persona A es un testigo de primera mano de la libertad. De esa libertad que da vueltas, enroscándose sobre sí misma hasta parecerse a sí misma. Es ese haz lo que quieras que para llevarse a cabo termina negándose a sí mismo.
Así intrincado como es el camino, yo pido que mis dados no me dejen caer en el torbellino de irracionalidades incoherentes. Más aún, espero todavía que esta historia de una vuelta que me lleve ya a la siguiente página. O mejor, al siguiente capítulo. Pero claro, siempre en crescendo.
Yo creo que es, paradójicamente, en estas coincidencias donde se encuentra claramente la libertad, por decirlo así, vista desde el espejo. La persona X está hablando con la persona A de la persona R. Justo en ese momento, suena el teléfono y resulta que la persona R le llama a la persona A y le dice que se está en un café y vio a alguien que se parece muchísimo a A. La persona R, es absolutamente libre y por eso llama. La persona X es absolutamente libre y por eso habla de la persona R. La persona A es un testigo de primera mano de la libertad. De esa libertad que da vueltas, enroscándose sobre sí misma hasta parecerse a sí misma. Es ese haz lo que quieras que para llevarse a cabo termina negándose a sí mismo.
Así intrincado como es el camino, yo pido que mis dados no me dejen caer en el torbellino de irracionalidades incoherentes. Más aún, espero todavía que esta historia de una vuelta que me lleve ya a la siguiente página. O mejor, al siguiente capítulo. Pero claro, siempre en crescendo.
