Friday, April 23, 2010

El día en el que todo se ve mal, siempre todo termina por verse bien. Este post está dedicado a una de mis más queridas compañeras: las paradojas, también llamadas coincidencias. ¿Te puedes imaginar a alguien exactamente igual a ti, pero que no eres tú? Yo no. Las cosas suceden de cierta forma que tomas un camino tan intrincado que es difícil que exista alguien igual a ti. Sólo para probar el punto, actualmente existen más de 11,500 millones de páginas web. Sin embargo, hace apenas una semana pude fácilmente encontrar un dominio disponible. Así también están los ejemplos de Ende y de Borges que afirman que con la combinación de sólo 27 caracteres se pueden encontrar todos los escritos, sus variantes y desviaciones, traducciones, versiones e interpretaciones. Las posibilidades de que ocurra que cuando tiras un dado de veintisiete caras aparezca una obra de arte son cercanas a cero. Si es así con un número fijo de posibilidades (27), ¿cuánto más complicada es una coincidencia (o paradoja)?

Yo creo que es, paradójicamente, en estas coincidencias donde se encuentra claramente la libertad, por decirlo así, vista desde el espejo. La persona X está hablando con la persona A de la persona R. Justo en ese momento, suena el teléfono y resulta que la persona R le llama a la persona A y le dice que se está en un café y vio a alguien que se parece muchísimo a A. La persona R, es absolutamente libre y por eso llama. La persona X es absolutamente libre y por eso habla de la persona R. La persona A es un testigo de primera mano de la libertad. De esa libertad que da vueltas, enroscándose sobre sí misma hasta parecerse a sí misma. Es ese haz lo que quieras que para llevarse a cabo termina negándose a sí mismo.

Así intrincado como es el camino, yo pido que mis dados no me dejen caer en el torbellino de irracionalidades incoherentes. Más aún, espero todavía que esta historia de una vuelta que me lleve ya a la siguiente página. O mejor, al siguiente capítulo. Pero claro, siempre en crescendo.

Monday, March 08, 2010

Dicen que los poetas necesitan inspiración. Yo no soy poeta. Pero me sobra inspiración.

El futuro es a veces como un tobogán de esos surrealistas que plantean unos giros inconcebibles llenos de luces, de colores y de olores. Las mismas flores que descansan sobre el ataúd enaltecen el altar nupcial. Los giros imposibles por los que se desliza caprichosamente el tiempo deshacen los sentidos, mientras nublan la vista agudizan el oído.
El exterior se deforma como el plástico frente a la hoguera. El movimiento juguetea y oscila. El interior palidece y llora. La pasión es tan intensa como privada. Y allá afuera, el sol sigue saliendo por el mismo este. Las nubes continúan su inacabable trayectoria a través de los cielos. Los muertos visitan la tierra y se regocijan, mientras los vivos lloran frente a sus tumbas.
Y las obras incompletas e inacabadas que parecen ocuparlo todo se derrumban y se reconstruyen en un solo giro de este tobogán inacabable. Los caminos nunca son convencionales. Atraviesan ríos rojos de locura mientras se internan en la serenidad absoluta del silencio. Y la sangre fluye, a veces al cerebro, a veces a los labios, a veces al suelo. Ese deseo ancestral penetra dentro de las uñas, y en lugar de irse mientras nadamos en esa agua espesa por la que transitamos, se anida y se extiende, cada vez más dentro y cada vez más profundamente.
¿Y qué queda? Puedo cerrar los ojos e imaginar que la vida es en realidad un enorme campo de girasoles que se extienden hasta el filo de esta montaña. Que un río ordena todo desde su lecho. Que un frondoso árbol extiende sus brazos para dar sentido al resto del paisaje. Que las nubes son en realidad ciudades inaccesibles. Que el cielo se extiende infinitamente gritando esas palabras que siempre han estado ahí y que nunca he podido pronunciar. Ahí, la pequeña niña que cuenta historias se acurruca debajo del árbol, contemplando absorta la belleza que se extiende.
Pero luego los abro. Y el frío desgarra con sus dientes afilados por el tiempo el inmenso campo, dejando sólo un girasol. La niña lo recoge con sumo cuidado y lo guarda en su bolsillo. El viento aúlla en el desolado paisaje. Las nubes con sus purpúreos teñidos recuerdan esa sangre roja como el río. La niña mueve la mano instintivamente y siente el calor que emana su pantalón. Con los ojos cerrados a todo sostiene en sus manos este último fuego quebrilla amarillo en un fondo de negro aterciopelado. Y avanza, sabiendo que nunca podrá saber lo que hay a la vuelta de esa calle, a la vuelta de ese próximo minuto.
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A esa pequeña niña, porque no podrías no ser feliz.
A esa persona que hizo más que tanta gente en tan poco tiempo. Sé que sigues siendo feliz.

Saturday, December 12, 2009

Celebración de las 800 visitas a mi blog :D

Usualmente se dice que los articulistas o bloggeros tienen cuatro lectores. Yo sólo tengo uno: yo. Y me siento sumamente orgullosa. Creo que encontré por fin a alguien que entiende lo que escribo y que le gusta la manera en la que lo expreso. Por eso, ¡gracias! ¡Hoy llegué a las 800 visitas desde hace casi tres años! Me felicito. Quiere decir que veo aproximadamente una vez al día mi blog, más exactamente, .811 veces al día. ¡Enhorabuena!

Friday, December 11, 2009

Respira profundo. Exhala despacio. Tienes que mantener todo en tu control. No puedes permitir que las piezas se separen. Los gritos independentistas y las revueltas anárquicas corren desde una mano insurrecta hasta un gesto desconcertante. La música se incorpora despacio y se transforma en humo del cigarro que todavía está en la mano. Los ojos se distraen por el contorno de una puerta. La salida siempre ha estado ahí. Pero al atravesar la puerta, los pies se sabrán superiores, y la respuesta ya ha sido conocida. La boca canta, pero los pulmones todavía no están decididos. Y claro que es cierto que la cabeza está todavía ahí, y que todos la quieren ahí. Pero no queda claro que tenga la última palabra. Esta, en estricto sentido, es de la boca, de la lengua. Y la cabeza tiene escalofríos pensando si va a poder influirla.
Tengo miedo. No de lo que pueda pasar, porque eso ya ha pasado. Tengo miedo de lo que no pueda pasar. Tengo miedo de andar y saber que lo que todos quisieron siempre llegue justo después de que me fui. Tengo miedo de quedarme, y de que lo que anhelábamos estuviera justo a un paso de distancia. Tengo más miedo de lo que no es que de lo que podría haber sido.
Y claramente, las manos, aunque obligadas, están trabajando para la cabeza. Porque escriben esto como un State of Purpose, aunque es claro que la anarquía suma fuerzas cada día. Hoy me tengo que despertar temprano. La cabeza tiene que cargar con todos los insurrectos, y llevarlos al trabajo. Y ahí, las manos tienen que obedecer. Tienen que, si no, saben que podrían quedar inertes, porque saben perfectamente cuál es el objetivo de las entrañas. Y aunque rara vez las manos entienden, el cataclismo, saben, no es su objetivo.
¿Y por qué las entrañas buscan el cataclismo? Yo que sé. Ahora es la cabeza hablando. Tal vez es por lo sistemático de buscar metas que están más allá. Tal vez sea por la necesidad de que gobierne el aquí sobre el allá. Tal vez es la desconexión, y la imposibilidad de una reconciliación de metas. ¿Qué será más grande? ¿El poder de las entrañas o el de la cabeza? Eso ya se verá. Lo que está claro es que las entrañas la llevan de ganar. Saben que la cabeza las necesita, porque en la lucha contra la autodestrucción, las entrañas tienen que funcionar. Sin embargo, arman sus fiestas y sus mitins. Y la cabeza sólo puede vomitar.
Y aún así, la cabeza se culpa a sí misma por el desorden. Sabe que dentro de ella, justo en el centro de la Unidad, está esa desagradable parte que crea. Y curiosamente esa es la musa de las entrañas. Y qué musa. Los griegos eran ingenuos al inspirarse en alguien con forma definida. ¿Qué no sabían que la perfección sólo puede ser alcanzada a través de la multiplicidad de una unidad? La Musa cambia de disfraz, de color, de aroma, de textura… su capacidad de renovación no deja de asombrar a la cabeza. Su velocidad es todavía más impresionante. No se le puede detener. ¿Qué mueve a esta Musa? Esa es probablemente la mayor incógnita de la cabeza. Algunas veces los ojos han leído, no sin celos, que los hombres tenían un tercer ojo incrustado justo en el centro, y que con él podían conocer entidades insospechadas.
La cabeza sabe que eso podría seguir en el centro, sólo que ahora ya a nadie le importa. La cabeza sabe que la fuerza de la musa es exclusiva de esta Unidad. Sabe que en la actualidad existen todo tipo de soluciones, desde las medicamentosas, hasta la simple repetición de una estrofa sin sentido y sin belleza. La cabeza sabe que es contradictorio, pero que sin el centro, ella misma sería igual de ínfima que la de la mayoría de las Unidades. Aún así, ese centro, esa Musa es su peor enemiga. Algún día la podría aniquilar. Pero sabe que si la aniquila únicamente logrará llegar prematuramente a la autodestrucción. Ahora sabe que se encuentra en un punto de no retorno. La dejó desarrollarse demasiado y ya no hay forma de detenerla. Sólo se tiene que controlar a las entrañas. Y eso es sencillo, sobre todo, es posible. Y la cabeza sólo quiere lo posible. Lo que está más allá es exclusivo de la Musa.
Respira profundo. Exhala despacio. Ya estás mejor. Las entrañas están dormidas. No es de noche. Porque de noche, las entrañas están más vivas que nunca. Y es que en la oscuridad, la Musa derrocha movimientos, figuras y melodías. Es la única. En la noche, la cabeza ya agotada sólo puede ser una espectadora más. Y las entrañas admiran a esa excelsa bailarina, a esa inigualable belleza. Y la cabeza se duerme, y la musa toma todo el control. Y apenas despunta el sol, la cabeza se despierta y carga con todos los miembros hasta el trabajo. La cabeza sólo tiene vagos recuerdos de lo que aconteció, como si fuera un sueño. Y la Musa, aún de día, aunque con menos fuerza, no se detiene, no se cansa.

Friday, November 27, 2009

Otra noticia que amerita primera plana


Vigilan frontera con Michoacán y Jalisco


COLIMA

El Universal
Viernes 27 de noviembre de 2009
Ante el incremento de la delincuencia en el estado, el Ejército y las policías estatal y municipal instalaron retenes y realizan patrullajes en las localidades. El gobernador Mario Anguiano Moreno reconoció que en la última semana la violencia aumentó, por lo que se ordenó la Operación Cucaracha, con rondines en áreas colindantes con Michoacán y Jalisco. (Corresponsalía)

Friday, October 30, 2009

Otro día más termina. Las densas nubes decidieron alejarse de la enorme metrópoli para regalar a sus habitantes la vista inmaculada de las estrellas y la luna creciente. Como todos los días, cerré mi computadora, apagué el ventilador y las luces y caminé hacia el elevador. Acompañada por Stephanie, descendimos en el elevador hasta el piso 2. Bajamos un trecho de las elegantes, aunque descuidadas, escaleras de la Lotería Nacional. Nos despedimos y caminé hacia mi coche, que estaba como siempre en una de las calles adyacentes al edificio Moro. En el camino recordé que tenía que llamarle a mi muy querida señora Madre. Platicando felizmente por teléfono, me subí a mi coche. Lo encendí sin dificultad y me dispuse a regresar a mi casa. Entre las carcajadas y las conversaciones serias, iba a más 80 kilómetros por hora en dirección a Lomas por la siempre transitada y muy bien decorada avenida Reforma. Cuando me detuve en el cruce con Insurgentes (si, cruce de Reforma e Insurgentes, lo que sea que eso signifique, da una muy buena idea de la caprichosa historia mexicana), vi justo frente a mí, en el parabrisas una pequeña araña caminando hacia arriba. Nerviosa le comenté a mi querida señora Madre del suceso, esperando que la araña estuviera del lado correcto del parabrisas (es decir, afuera). Avancé unas cuantas cuadras más, cuando en el semáforo de la Palmera volví a ver la araña con sus espantosas patitas avanzando hacia abajo. Pero ¡cuál fue mi sorpresa al constatar que el animalejo estaba adentro del coche!
Histérica, y ya no nerviosa, intenté abrir la puerta del coche al tiempo que gritaba ¡Está adentro! ¡Está adentro! El seguro me jugó una mala pasada, superada únicamente por la del cinturón de seguridad. Finalmente pude salir de mi prisión de seguridad, y salí apresuradamente del coche, no sin antes encender las intermitentes. Ya en la calle, me quité rápidamente el suéter y me sacudí la blusa para evitar que la araña, que podría haber caído sobre mí, siguiera ahí. Así histérica me dirigí hacia la banqueta justo cuando la luz roja dio paso a la verde. Los conductores que se encontraban atrás de mi coche no hicieron esperar su claxon. En mi visión mutilada por el sobresalto se apareció un vendedor ambulante de lamparitas de leds. Le imploré su ayuda, diciéndole que había una araña en mi coche y que les temía en exceso. Le pedí que la buscara y luego la matara, no de la forma lenta y cruel que yo quería, sino rápida y eficientemente, a fin de que pudiera continuar mi camino a casa.
El buen señor me dijo que en primer lugar tenía que orillar mi choche, motivo por el cual le informé que estaba prendido y que si me hacía favor de moverlo, yo caminaba a un lado del coche hasta los espacios donde casi no hay tránsito, en el perímetro de la glorieta. Y así es como yo le entregué mi coche y todas mis pertenencias, excepto mi bolsa, que saqué en algún momento de sensatez y el teléfono a través del cual mi querida señora Madre escuchaba mi odisea en tiempo real. Finalmente el señor descendió de mi coche, para mi tranquilidad (y sobre todo para la de mi querida señora Madre).
En ese momento, aprovechándose de su mercancía, el señor vendedor procedió a realizar un examen exhaustivo de mi coche, sin llegar a un resultado concluyente. Es decir, la araña no apareció. El señor me pidió que me tranquilizara y se ofreció a ir a comprar un refresco para calmar mis destrozados nervios. Le pedí a mi querida señora madre que le pidiera a María José mi hermana que fuera por mí en un taxi. Aceptó a regañadientes pues le costaba trabajo aceptar que su hija de más de 25 años no pudiera manejar por una “alerta arácnida”. Sin embargo, mi razonamiento era decidido: si volvía a salir el asqueroso animal muy probablemente chocaría, causando no sólo perjurios hacia mí y mis pertenencias, sino hacia terceros que no tenían ni vela en el entierro.
Esperé sobre el camellón de Reforma durante más de media hora. El señor vendedor se acercó un par de veces más para ver cómo me encontraba, cavilando sobre las posibles razones por las que una conductora podría volverse loca ante la presencia minúscula (y probablemente, para él, imperceptible de una araña). Logré zafarme de su conversación que me ponía todavía más nerviosa porque tenía una mosquita caminando sobre el cuello de su camisa polo baby blue. En algún momento se acercó un policía moreno, de estatura media y actitud pueril a preguntarme si se había descompuesto mi automóvil. Yo le respondí con la verdad: había una araña en el coche. Su respuesta fue un elocuente sonido gutural que yo tomé por carcajada. Poco después me preguntó si al menos era grande, a lo que yo respondí negativamente. Ante mi sinceridad y exposure, el oficial se alejó con paso lento y pesado hacia el centro de la avenida.
Finalmente llegó María José y me sugirió comprar una lamparita que tenía 10 pesos de descuento para la mujer loca que no puede manejar por culpa de un insignificante bichuelo. Aún así, accedí a pagar los 45 pesos que costaba. Le agradecí sinceramente su apoyo, su comprensión y su buena voluntad, me subí al coche con la lamparita encendida (después de un nuevo examen realizado por María José) y me dispuse a llegar a mi casa sin nuevos incidentes.
Ya relajada, y con mi pijamita, me recosté en el sillón rojo, y hablando con mi muy querida hermanita María José de repente me interrumpió con su grito “¡No te muevas!” Y de un zarpazo, no, perdón, de un zapatazo mató a una araña que subía rápidamente por el sillón hasta donde yo estaba.
Y así termina la historia de las espantosas bestias arácnidas en contra de una indefensa burócrata que se disponía a regresar a su hogar a tener dulces sueños.

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Imagen tomada de: http://severlasalreves-palindromos.blogspot.com/2008/07/volkswagens-beetles-tuneados-3.html

Thursday, October 08, 2009

Ejercicio de descripción

La pequeña niña sonrojó a más de alguno con su broma y sus ojos de inocencia, hasta que finalmente continuó con su conversación. Al salir de ahí, me sentía como alguien diferente, alguien al mismo tiempo más sabio y más infantil.
La economista dirigió una mirada inquisitiva a los asistentes, que de inmediato comenzaron a excusarse, hasta que ella, sin inmutarse ironizó sobre la víctima, que en esta ocasión, no era yo. Me sentí aliviada.
La musa los observó a todos con una mirada gentil y con una sonrisa en los labios comenzó a recitar una hermosa canción compuesta del mismo material que la tierra de los sueños.
Ella trabajaba intensamente, con los ojos encendidos, mientras el papel pasaba como el camino bajo mis pies.
Salió por la puerta dejando tras de sí una estela gris que no dejaba más que un vago sentimiento de hartazgo. Las luces parecían ahora más brillantes y el fondo cobró vida de repente. La luz del atardecer traspasó mi corazón entumido y saturado de ese gris incomprensible.
Irrumpió en el salón e inmediatamente recibió las miradas extrañadas de todos los asistentes. Sin el menor reparo ocupó un asiento disponible en la primera fila. Desde ahí comenzó a cuestionar al ponente, quien al poco tiempo empezó a sudar ante los cuestionamientos planteados. Finalmente terminó la sesión y se acercó al ponente para agradecerle su exposición. Más tarde se les vio a los dos compartiendo la mesa en un lujoso restaurante de la zona.
Ingresó tranquilamente a la oficina donde se hablaba del devenir. Al instante se percató de que había una mancha rojiza en la pared. Inmediatamente señaló hacia la imperfección y en una voz indiscreta comentó a quien se encontraba a su lado lo reprochable que es encontrar algo así en una oficina. Tras listar los inconvenientes introdujo en la conversación un asunto sumamente conveniente, como es el limpiador de superficies que curiosamente vendía en ese momento.

Tuesday, September 29, 2009

Mexico City. Wednesday 29.

Las pequeñas volutas de humo suben acompasadas hasta formar una nubecilla que gira y danza bajo la luz, sólo para dispersarse unos segundos después. A través del cristal se puede ver el gran edifico de plata que se encuentra a mis espaldas. Las ventanas del edificio invitan a imaginar la grandiosa vista que se debe tener desde ahí. La enorme campiña dorada, y las grandes montañas en el fondo. Las nubes se arremolinan al pie de todas las montañas, dándole tonalidades otoñales al paisaje. Al interior de la campiña se ven, seguramente, los arroyuelos serpenteantes y los grandes pájaros que se mecen con el viento que proviene del norte.
Siento bajo mis pies la hierba. No estaba ahí hace solo un momento. Pero ahora la siento. Su textura fresca y su penetrante aroma. El viento golpea mi cara cuando la giro hacia las enormes montañas al fondo. Su obscuridad me asusta un poco, sin embargo, las nubes que las rodean les dan un aire familiar, e inquietante al mismo tiempo. Me encamino hacia ellas a paso ligero, y repentinamente me veo rodeada de enormes flores de color rojo que pareciera que me observan desde el centro de sus pétalos. Continúo la marcha, y poco a poco las flores comienzan a cambiar de color. Ahora sus tonos son rosas, ahora son amarillas. Mis pies me guían hasta un pequeño río donde puedo refrescarme. Tenía sed. No lo había notado. El agua clarifica mis pensamientos y limpia la visión. Ahora puedo distinguir que las montañas están habitadas por árboles antiquísimos que murmuran a raíz del viento. Al aproximarme todavía más, puedo sentir la sabiduría que emana a mí alrededor. Aquí han pasado muchos años, pero como no ha pasado nada más, no parece ser presuntuosa.
Lentamente asciendo por la montaña, que cada vez está menos poblada, hasta que finalmente llego a la cima y observo la enorme campiña, el edificio de plata, el cristal, las volutas de humo y finalmente, mis manos deslizándose torpemente por las teclas.

Friday, August 28, 2009

Coincidencias Recorriendo el Mundo de Final Fantasy XII

Basics
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Final Fantasy es un RP (rol play), en el que el master mind (i.e. yo) asume el control sobre su un personaje que tiene sus propias cualidades, habilidades y preferencias. A través de ese personaje, se debe lograr la liberación del pueblo de Dalmasca, que habita (como todos en Final Fantasy XII) en Ivalice. Para lograrlo, se van uniendo personajes. Los personajes además de defenderse y atacar, tienen la capacidad para realizar conjuros, técnicas y habilidades especiales. Para poder efectuarlas necesitan tener el objeto a través del cual se realiza (por ejemplo, hechizos o armas) y la licencia para poder utilizarlos. Los objetos se obtienen en las tiendas a cambio de dinero, que a su vez se consigue eleminando enemigos. Las liciencias se obtienen directamente al eliminar a un enemigo. Ante la complicación de que un solo master mind realice las acciones de más de un personaje, los creadores de Final Fantasy incluyeron un menú de instrucciones. El menú de esas instrucciones equivale a un brain wash, en el sentido de que se establecen acciones y se jerarquizan de acuerdo a lo que el master mind considere adecuado. Por último, es importante mencionar que al eliminar enemigos, se obtiene experiencia que al acumularse aumenta el nivel global del personaje.
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Journey
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Estando en el nivel 27, y con la necesidad de aumentar el nivel de mis seis personajes, decidí realizar un sidequest, es decir, enfrentarme a un enemigo de mucho nivel a cambio de algunos objetos que después podría vender, y sobre todo, experiencia y licencias. Deambulando por Ivalice, me tope con la posibilidad de cazar a un White Mousse de nivel 15. Automáticamente consideré que era una excelente oportunidad y me dirigí a la entrada al recolector de aguas en donde se encontraba. Apenas ingresé me topé con que absolutamente todos los enemigos secundarios eran de un nivel sumamente superior al mío (en promedio, nivel 35). Comencé, pues, a luchar contra ellos, confiada en que en caso de que las cosas se complicaran, siempre podía salir corriendo de ahí y regresar a la superficie.
Mi primer problema fue darme cuenta de que la cloaca en la que me encontraba era un intrincadísimo laberinto, y a pesar de contar con un mapa, debido a la superposición de canales, era realmente complicado. Sin embargo, mis personajes estaban bastante por encima del nivel del enemigo principal, y me di cuenta de que era una gran oportunidad para generar prestigio (acumulación de experiencia, licencias y objetos para comercializar). Al principio fue relativamente sencillo aniquilar a los enemigos, sin embargo, conforme fui adentrándome en el drenaje, mis personajes se fueron cansando, no importaba que fuera aumentando el prestigio, los enemigos se unían en mi contra hasta el punto en que tuve que salir corriendo de varios canales para recuperar fuerzas. Apenas regresaba, y tres o cuatro enemigos secundarios se abalanzaban contra mí y mis personajes. Desesperada, busqué la salida. Corriendo por lugares inmundos fui descubriendo que algunos de los pasadizos por los que llegue se habían cerrado a mis espaldas sin que yo lo hubiera notado. Literalmente, se quemaron las naves, y me quedé atrapada con los enemigos mortales que no dejaban de regenerarse en cuanto yo avanzaba (o retrocedía).
Con un último esfuerzo logré llegar a la guarida del enemigo principal. Pero cuál fue mi sorpresa, cuando me di cuenta de que unos seres místicos de una fuerza incomparable (superior a nivel 50) rodeaban al pequeño White Mousse. Luché con todo mi esfuerzo, reprogramé todas las instrucciones, utilicé todas mis habilidades especiales, mis licencias y mis técnicas. Sin embargo, mis esfuerzos fueron del todo inútiles. Mis personajes morían una y otra vez, y poco a poco me vencieron.
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Coincidencias
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Supongamos por un momento que mi personaje se encuentra frente a la puerta del recolector exactamente el 2 de julio de 2006. Ahí está la gran puerta a la inmundicia. Sin nada que temer ni sospechar, me introduje en el Gran Recolector. Ante las primeras amenazas de unos enemigos armados con AK47 fue sencillo decir, son unos cuantos, y el enemigo principal ¡es nivel 15! Continué avanzando, teniendo bajas importantes, pero superables, hasta que, confundida por el mal olor que no dejaba de marearme y mi propio orgullo, que nunca ha dejado de marearme, me adentré hasta el punto de no retorno.
Cuando finalmente tuve al enemigo frente a mí, me di cuenta de que los inmortales, los verdaderamente poderosos, los seres omnipresentes estaban defendiendo al que era mi enemigo principal. Obviamente, me despedazaron. No importa que tanto hubiera tratado, me hubieran superado, porque al final, los que tenían la experiencia, la capacidad, las habilidades y la fuerza, eran ellos y no yo.
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Epílogo
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Tras varias horas de intento, decidí reiniciar el Play Station y recomenzar desde antes de haber entrado al recolector. Entre otras cosas, perdí muchas horas que no generaron ni experiencia, ni dinero, ni aprendizaje. Que mal que no hay ninguna forma de “coincidir” con la realidad en este epílogo.

Tuesday, June 23, 2009

¿Quién se robó una isla?

Tomado de El Universal: Carlos Loret de Mola, Historias de reportero

El ruido de cuatro horas de helicóptero deja con dolor de cabeza a cualquiera. Para donde se voltee, pura agua. Volamos buscando la Isla Bermeja, que está en mapas, está en documentos oficiales, pero nadie la encuentra en la realidad. Si no aparece, se le van a México 300 mil millones de dólares en petróleo.

Isla Bermeja, de estar por donde la pintan, extendería 55 kilómetros la frontera marítima de México, abarcando casi la totalidad del Hoyo de Dona occidental, una de las reservas petroleras más importantes del mundo. Si nadie la encuentra, un buen tramo de ese yacimiento se va para Estados Unidos.

Por eso hay quien asegura que la bombardeó Estados Unidos para quedarse con el tesoro. Otros defienden que fue el calentamiento global el que la hundió. Hay quien piensa que un sismo. Y algunos, que es un mito, que nunca existió, que fue un error de los cartógrafos o de marineros que se la inventaron para cobrar a sus gobiernos el haber descubierto otro territorio.

Desde el año 1600 la pintaron como una islita de apenas 20 hectáreas. En 1820 concluyeron sin éxito dos expediciones para encontrarla, pero no la borraron de los mapas sino hasta mediados del siglo XX. Sin embargo, en los años 80 seguía en los inventarios de islas de la Secretaría de Programación y Presupuesto. Lo que nunca hubo fue registro de que alguien viviera ahí.

Con 300 mil millones de dólares de por medio, el Congreso ordenó su búsqueda. La UNAM se aventó el tiro. Los resultados están ya en manos de los legisladores: Isla Bermeja no fue encontrada por la expedición (segunda en la historia reciente; la primera fue encabezada por la Secretaría de Marina en 1997). Isla Bermeja no está donde dicen que está. Pero los científicos universitarios no se animan a declarar que fue un invento sino que piden ser enviados de nuevo, a otras rutas, a otros mares, a seguirla buscando.

La Marina no tiene esperanza: sus mediciones del fondo del mar no revelan que esté bajo el agua, y en superficie, tras 60 años de navegar el golfo de México, ninguna embarcación pública o privada ha reportado nada; si existiera y no estuviera en los mapas actuales, y alguna embarcación tuviera un accidente contra ella, la Marina tendría que pagar los daños por errores en la cartografía, y eso, sostienen, nunca ha pasado. La posición oficial de la secretaría no deja espacio a la discusión: “Es un mito”.