domingo, septiembre 30, 2018

Ahí

Debajo de los pies siento la más suave superficie. Un pie, luego otro. Se hunden un poco, sólo un poco. Una pirueta, si. Una más.

Sopla el viento, la superficie gira con él. Hace un pequeño remolino un poco más adelante y queda como un pastel. Ahí quiero ir. Un paso, otro. Llego al pequeño remolino congelado. Sin más, me dejo caer sobre él. Me abraza. Cierro los ojos y duermo. Sueño.

Los pasos se hacen pesados con la tierra. En medio del enorme desierto de la vida, descubro una pequeña flor. Sus pétalos multicolor son realidad rosa, pero con tantos matices que se descubre el verde, el naranja, el rojo y el negro. El sol es intenso. No quiero que le haga daño a la flor. La cubro ligeramente con mi propia sombra. Y en ese instante, surge a su lado un pequeño retoño.

¡Qué maravilla! Es otra flor. Pero no. No es otra flor. Empieza a crecer a una velocidad vertiginosa. Y pronto me doy cuenta de que es un roble. Y uno muy grande. Su sombra cubre a la pequeña flor, y esta vibra con más colores que nunca.

Necesitan agua. La flor y el roble. Tomo de mi propia reserva, apenas una tasa de café. Vacío la mitad a los pies de la flor, y la otra mitad a los pies del roble. Ambos se estremecen y crecen. Las ramas del roble llegan al cielo y de sus hojas empieza a caer agua. La lluvia es tibia y su sabor tiene notas de café, pero con una frescura que recuerda a los colores de la flor.

Bajo la sombra del roble, a un lado de la flor, cierro los ojos. El agua corre por mi cara, por mis brazos. Su sonido me acaricia. Abro los ojos, y ¡qué felicidad! El desierto de la vida ya no es desierto, es ahora una campiña. Y no sólo eso. En sus márgenes se empiezan a formar arboledas. No sólo hay robles, también se ven sauces, cipreses y fresnos. Y en la campiña empiezan a crecer todo tipo de flores. Grandes, pequeñas, todas ellas multicolores, todas ellas con un color central en el que se aparecen todos los demás.

El rumor de la lluvia llega ahora con más fuerza. El Roble sigue creciendo. Ahora alcanza el firmamento, y con sus ramas desplaza al sol y coquetea a la luna. La luna, poco a poco crece hasta estar redonda y plena. La obscuridad no existe. Sólo la hermosa campiña, con sus flores y arboledas iluminadas por la tenue luz plateada de la luna.

Las estrellas se asoman tímidamente para contemplar el espectáculo nocturno.

Cierro los ojos. Esta vez quiero dormir. Y duermo. Y sueño.

Cuando los abro, estoy otra vez en la superficie blanca. Pero esta vez es plateada, y brilla con la luz de la luna. Y en mano está la flor rosa-multicolor. La coloco rápidamente sobre la superficie blanca. Le doy un beso, la acaricio y le canto. Y empieza a crecer. Se cuela el plateado de la superficie en sus pétalos. Cuando termino la canción que ella misma me inspiró me doy cuenta de que la superficie completa parece ahora una campiña de colores inspirados en la luna y la flor. Debe ser el amanecer. Debe ser el sol que regresa a lo alto, a contemplar las bellezas que hizo la luna mientras él dormía.

El viento matutino sacude suavemente la superficie. Frente a mí el borde de la superficie se aproxima. Y entonces veo. Veo por primera vez que el desierto que ahora es campiña está bajo mis pies. Veo también que el roble estira sus ramas, lenta pero decididamente, hacia mí.

Cuando me alcanzan, me abrazan, y me llevan poco a poco hasta la campiña. Ahí arriba, la superficie blanca que ya no es blanca flota al capricho del viento, y se contorsiona hasta formar una figura, que es la mía. No mi silueta. Sino mi forma. Mi verdadera forma. Mi verdadero nombre. Y la nube sonríe. Y la campiña se estremece.




x

miércoles, septiembre 27, 2017

Buenos días

Abro los ojos. Respiro profundo. Otra vez hay que enfrentar la fría maraña que es la vida. Es fría cuando despierto, de una cualidad nebulosa que la hace deslizarse casi sin que me de cuenta. Poco a poco, mientras el sol asciende, el frío se disipa. La realidad empieza a hacerse sólida, alentada por el tibio líquido negro, que está contenido en una taza, que está contenida en mis manos.

En ese momento, yo ya estoy sentada frente a la caja delgada a través de la cual veo el mundo, con sus noticias espantosas y sus frases melosas. Con sus falsedades. Esa realidad -virtual- aprisiona mis sentidos. Las teclas, al tacto. Los destellos de colores plásticos, a la vista. Las voces monótonas de los analistas, al oído. Mientras tanto, el gusto y el olfato se deleitan con el café, que con sus delicias los embauca hasta que los apresa esa realidad ya firme.

¿Qué sentido tiene ver la vida desde una caja de luz? ¿Qué sentido tiene mi existencia si está pegada al piso?

Salgo de mi oficina. Los colores cálidos del cielo azul profundo. Las nubes blancas que se recortan en el horizonte. El sol que deshace en pequeños destellos deslumbrantes. El horizonte se expande, y con él, mi vida. Pero no es sino hasta que fijo los ojos en una cara, en unas manos, en unos botones de una camisa, que el sentido renace.

Se crea con esa mirada que me consume, con las manos que se extienden para tocar mi corazón -o lo que queda de él-, con los botones, que en un momento están suspendidos frente a mí, en un abrazo de buenos días. Mi boca se abre y de ella salen palabras que con burlones contornos dibujan mi profunda admiración. Mis oídos se llenan de la sátira y de la ironía, que no denota otra cosa, más que lo rojo del corazón, que está ahí, detrás de los botones.

¿Cómo serían mis días sin esas caras, sin esos ojos, sin esas voces? No me atrevo a pensarlo. Porque al final, cada corazón y cada latido no hablan de otra cosa que del gran corazón, que detrás de cada hoja de cada árbol pronuncia con voz de trueno mi nombre. Pero lo dice con ternura, lo dice recordándome que late por mí. Late por los ojos, por la boca, por las manos. Late a través de las noticias espantosas y las frases melosas. Late a través de la sangre de mis padres que corre por mis venas. Y la de los padres de mis padres. Late por mí.

¿Qué soy yo frente a ese estruendoso latido?

Nada. No soy nada. Pero suena otra vez, quizá más fuerte. Y soy. Soy yo. Y dice mi nombre con ternura.

sábado, abril 25, 2015

Magic

The thing about magic is that I can’t quite tell what makes it so attractive. What is magic anyway? I think it can be defined at its simplest as the power to create –or at least, convey- out of thin air, things with one’s thought. I think of a delicious cocktail, and, snap! Here it is, delicious indeed.

But what happened? There are several possible explanations. You can choose one by reading your favorite fairytale. But what I find interesting are the common traits. Just, what magic does? Most of the magic is summoned through words, though ancient ones, that almost no one seems to understand.


http://static.comicvine.com/uploads/scale_small/1/10812/2511411-magic_hand.jpg

So, there is almost always some sort of mystery to magic. If I explain that by flipping a certain switch there would be a flow of small negative particles that run through hair-small gold conductors that will somehow make yet another hair-small wire to shine, it could either be magic or electricity.

Magic is no magic without the awe we feel whenever we are presented with things we don’t understand. This is probably the essence of what writers call magic. It can be good, beautiful, magic, or dark, scary, spells, but either way, it is never explained. Can you imagine a Physics-explained edition of Harry Potter? How the dementors are able to extract the energy from the people, including the equations academics deduced that would permit us to understand just the extent of energy and the range those dementors would have at any particular moment, ceteris paribus? Would it still be magic? I don’t think so.

As for the other use of the concept of magic. I was recently listening to a particularly heartbreaking song –you can tell by the way it lacks brightness- and I was startled by a few lines in the lyrics, I quote: “Baby it's over now, over now. So give me all the magic. Just give me all the magic that we made”. So there. Magic all around. Magic to make. Magic to give –back, even.

And just like that, magic is linked to one of the most powerful states humans are aware of –if we can say we are aware of it, as it hits. And a very real one. Sometimes I see just how our modern world formally lacks of any thought of the bonds among us. Those we don’t understand, so they have no part in the laws, in the structures, in negotiations. And yet, we know those bonds are what really is behind many of the decisions we make every day. Maybe even more so than we care to believe. Sometimes is the clothing we choose, to impress someone we like, to send a message to that tall girl with such mischievous eyes.

I could go on, but I prefer just to quote a very real example of how we have no idea how to manage this bonds (magic bonds) in this grown-ups world of us. Just, what to do with a French President who would be sneaking out of the Élysée Palace just to see a lover of his. We manage, of course, we have our gossip, but why there is no law in the western world that hints at what to do if such a case presents? We do have laws about a great lot of unimportant things (how a paper should be sealed for it to be valid, for instance) but why we don’t think necessary to have some sort of rule if it has to do with, well, love, or at least a semblance of it? I even believe to find easier the Physics-explained Harry Potter's edition.

Still, I can see the essence of magic is intact: mystery. We can’t write such a law, because we can’t explain what it is. And we can’t plan beforehand for the same reason. It is in truth it seems to be a sort of magic, as Kiesza hinted. Maybe there is a reason why we have a literature’s magic boom.



Afterword
I remember reading the term “experimental theology” as the way a certain author -whom I fondly dislike - called his magic. He was hinting at something that I don’t think he quite understood. But about it I would only say two thing: the first one is that I probably got my curiosity about the essence of magic through those words, as for the other, isn’t theology sometimes defined as the science of mystery?




To the holder of the magic bonds that I can't quite seem to establish, whom I trust  not to be reading this small words, if only to avoid his comments.

lunes, octubre 21, 2013

El tren

Después de una semana de mucho trabajo, llego a mi casa con mucho sueño. Cierro los ojos y en poco tiempo me quedo dormida. Estoy soñando con una nube de ideas que dan vueltas saliendo de una chimenea. Las aristas brillan a la luz tenue del sol que está punto de ocultarse, y las ideas giran y giran. Y yo voy acurrucada en una de ellas, avanzando hacia la noche que poco a poco gana la batalla.

Siento la brisa nocturna en la cara. El viento toca una hermosa melodía sólo para mí. La luna se asoma tímida detrás de una nube e ilumina un paraje olvidado por los hombres, pero hermoso como ningún otro. Un arroyo cristalino serpentea un valle mientras refleja la vaporosa luz. Aún arrebujada en mi nubarrón de ideas me quedo absorta ante la belleza del lugar.

A lo lejos alcanzo a distinguir unas montañas con picos que brillan azules por la nieve en sus cimas. Y ¿qué es eso? Empiezo a ver un ligero movimiento, continuo pero lejano de pequeños puntos negros que atraviesan la blancura impecable de las montañas. Poco a poco distingo con mayor claridad. En el fondo hay una línea de un negro tan obscuro que da vértigo. Y sobre ella se deslizan unos bloques obscurecidos por el desgaste de los años. Su paso es rítmico pero firme. Sus huellas producen el menor de los retumbes. Al principio.

El tambor que llevan dentro comienza a aumentar su nivel. La nieve parece escandalizada por su paso. El valle, las montañas y la luna se ruborizan ante tal atrevimiento. Y sin embargo, los vagones (porque son vagones) continúan su marcha inexorable por la desolada montaña invernal. La fuerza con la danzan sus ruedas vibra en el centro de la imagen, y cuando parece que el sonido no podría ser más intenso, el silbato empieza a sonar. Una vez, larga. Otra vez, aún más larga.


Una tercera que empuja mis ojos hacia arriba. Mi cuarto completo acompaña al tren que a la distancia transporta maquinaria, coches y uno que otro polizón.

lunes, febrero 11, 2013

Aprendiendo a programar con Java :)



console.log("Hi. It's been a long time. Can you please write down your name for me?");
var username = prompt("Hi. It's been a long time. Can you please write down your name for me?");

console.log("Hi "+username+". I am glad you came by. I was hopping that you'd show up to help me, but are you wise enough? Can you remind me how old are you?");
var aG = prompt("Hi " +username+". I am glad you came by. I was hopping that you'd show up to help me, but are you wise enough? Can you remind me how old are you?");
var aGe = aG

console.log(aGe+"... I hope it's enough. I am looking for the best name for me. On second thought I think I like your name. Can I borrow it?");
var boR=prompt(aGe+"... I hope it's enough. I am looking for the best name for me. On second thought I think I like your name. Can I borrow it?");

if (boR==="Yes")
{
console.log("Thank you. I knew I could trust with you. Now I am "+username+" and I am "+aGe+" year old. Where do I live?");
var homeT=prompt("Thank you. I knew I could trust with you. Now I am "+username+" and I am "+aGe+" year old. Where do I live?");

console.log("Ohhhh!!! Such a lovely town "+homeT+"!! Well. Thank you. By the way, your name is no longer "+username+". You are now code2856"+aGe+aGe+", from Mountain Valley, CA and you live in a virtual world named virt-"+homeT+". Hahahaha. You lost. :(");
confirm("Ohhhh!!! Such a lovely town "+homeT+"!! Well. Thank you. By the way, your name is no longer "+username+". You are now code"+username+"2856"+aGe+aGe+", from Mountain Valley, CA and you live in a virtual world named virt-"+homeT+". Hahahaha. You lost. :(");
}
else
{
console.log("You are wise indeed. Can you tell me where did you come from, just for my records?");
var homeT=prompt("You are wise indeed. Can you tell me where did you come from, just for my records?");

console.log("Beware! "+username+". I'd learn that in "+homeT+" there are some computer programs trying to steal human identities and sending the careless human to virt-"+homeT+". Actually, I am one of them and since I have all your information... hahaha. Thank you for talking to me. It's been such a long time. Please don't forget me. I am "+username+". It's been a pleasure to met you Code"+username+"2856"+aGe+aGe+"  ////    PS. You lost :)");
confirm("Beware! "+username+". I'd learn that in "+homeT+" there are some computer programs trying to steal human identities and sending the careless human to virt-"+homeT+". Actually, I am one of them and since I have all your information... hahaha. Thank you for talking to me. It's been such a long time. Please don't forget me. I am "+username+". It's been a pleasure to met you Code"+username+"2856"+aGe+aGe+"    ////  PS. You lost :)");
}

lunes, noviembre 05, 2012

axolotl


Si no tuviera tanto trabajo pendiente, probablemente estaría contestando a la siguiente pregunta:

¿De verdad existes?

Y la respuesta resonaría en mi cabeza. No.

Pero, ¿y entonces? ¿y todas las pruebas?

No están fundamentadas. Osea, si existo, pero sólo en tu cabeza. As usual.

Pero, si estás en mi cabeza no podrías hablar ni transmitir ideas. A nadie más que a mí (unfortunately everyone do listen to you).

¿Qué te puedo decir? Tú empezaste.

Por favor no existas.

Eres super floja. Sólo porque es más fácil para ti.

Si tú no existes, puedo seguir viviendo. Puedo seguir sabiendo que no existe una salida. Una esperanza. Pero si existes y no estás aquí -aquí-, ¿qué voy a hacer?

Por favor. No existas.

Eres super flojo. Sólo por que es más fácil para ti.

Qué te puedo decir, ¿tú empezaste?

De verdad sólo estás en mi cabeza ¿de verdad?

¿De verdad existo?

Tengo mucho trabajo. No puedo desperdiciar el tiempo pensando.

En ti.

viernes, noviembre 02, 2012

Había una vez un país separado del nuestro, no nada más por un océano, sino por una corriente de meteoros amorfos que giran incansables, separándonos del lejano país. Su nombre es como el de todos los países que si conocemos. En ese país las categorías son muy diferentes a las nuestras. Cada uno de sus habitantes es el gobernante supremo visto desde su punto de vista. Y no hay guerras porque cada uno siempre da las instrucciones en pasado, y como nadie quiere que sus instrucciones sean desobedecidas, siempre coinciden con la realidad.
En ese país había una princesa que un día, o mejor dicho, una noche, mientras contemplaba las lejanas luces nocturnas y soñaba con un príncipe que había conocido en una celebración, hizo un hechizo. No es común que se hagan hechizos en ese país. En realidad esta contraindicado para menores de edad, a menos de que quieran dedicarse a las obscuras artes de la brujería. Pero la princesa hizo el hechizo sin querer. Cerró los ojos fuertemente y quiso convertirse en una criatura horrible, para poder observar como son todos los soberanos de su nación antes de decidir estar con ellos toda la vida.
La idea llegó con una fuerza descomunal a su cabeza mientras ella soñaba con las luces y admiraba al príncipe en sus sueños. Y no supo porque lo hizo. Pensó que había sido una de sus ideas excéntricas. Que su promesa no sería válida porque ella no se quería dedicar a la brujería. Pero nunca se imaginó como cambiaría su vida.
Al día siguiente, cuando se despertó y ordenó que el desayuno fuera hecho por ella ese día, pasó frente al espejo y al ver su cara de inocencia y su figura de niña sonrió brevemente y olvidó todo sobre la promesa. Sin embargo, poco a poco empezó a notar que los reyes y reinas veían algo raro en ella. Los príncipes casi no le hablaban y las princesas acudían a ella para desahogar los más profundos pensamientos y sentimientos. Siempre que hablaba con alguien, la princesa encantada escuchaba y casi siempre lograba capturar una sonrisa del soberano o soberana atormentado que estaba con ella. Y ella sonreía también.
Un día, un extranjero tocó su puerta. Ella abrió con su típica gracia y sonrió. Sin embargo el extranjero preguntó si ahí habitaba el monstruo-princesa que convertía cualquier pena en sonrisas. La princesa se sorprendió tanto que no supo que contestar. El extranjero, malinterpretando su silencio, le dijo atropelladamente que quería contarle sobre una extranjera, plebeya, que lo había traicionado recientemente. Cuando la princesa asintió el extranjero contó su historia. La princesa no podía concentrarse. ¿De verdad ella era la princesa-monstruo? ¿por qué el espejo de su palacio le mentía todo el tiempo? ¿o sería que los demás no veían más que al monstruo? Cuando el extranjero concluyó, la princesa intentó hablar, pero su voz se rasgó, su sonrisa se torció y el extranjero salió huyendo.
La princesa cerró la puerta cuando el extranjero iba ya a doscientos pasos de su casa. En sus oídos retumbaba su respiración entrecortada y el sonido de sus lastimosos pasos. Llegó con gran dificultad al espejo. Con todo el valor que pudo invocar abrió los ojos. Todavía hoy recuerda la imagen que la asaltó. Su cara estaba completamente deformada. Sus ojos estaban inyectados. Sus labios pálidos. Y –horror de horrores- se podía reconocer ahí.
Del extranjero nunca se supo más. Los soberanos decidieron que había regresado a su nación. En cambio, la princesa-monstruo salió y cambió todas las señales que llevaban a su palacio. Extravió a cientos de desdichados que buscaban sus palabras de consuelo. Pero ella ya no tenía ninguna. Para nadie. Cuando movió la última señal, se retiró a su palacio, y ahí estuvo encerrada durante nueve años completos. Su único conocimiento del mundo exterior era a través del espejo, pues ella le prohibió reflejar su propia imagen y en cambio le permitió mostrar imágenes de los soberanos felices, desdichados, cansados y atrevidos. A través de otros espejos algunas veces algunos le contaban a la princesa-monstruo sus tristezas. Y ella sonreía. Y ellos también. Su colección de sonrisas siguió creciendo, pues la princesa-monstruo capturó y admiró durante esos nueve años todas las sonrisas fantasmas que seguían saliendo del espejo.
Nadie se dio cuenta como, pero la princesa-monstruo, dedicada a observar durante tantos años aprendió a ver los corazones. Y las sonrisas que iba capturando ya no tenían nada que ver con los labios. Sin embargo, la técnica fue haciéndose cada vez más clara para ella. Llegaba una imagen, ella analizaba rápidamente las características de la imagen. Empezaba a escuchar el relato. Algunos eran sumamente tristes, otros banales, pero la mayoría eran de soberanos desdichados. Cuando la historia llegaba a su punto más conmovedor, la princesa observaba detenidamente los ojos del soberano. Los ojos le contaban una historia de una intensidad incomparable. Ella sentía cada palabra de la historia. Entraba en el corazón. Y una vez ahí sabía para siempre quién era ese soberano. Podía analizar la cualidad de ese corazón. Finalmente se dio cuenta de que una vez ahí podía reparar lo que no funcionaba correctamente. Podía darle más fuerza o debilitarlo. Tenía al soberano en sus manos.
Cada vez que conocía un corazón nuevo se enamoraba. No importaba que tan grande o que tan sano fuera. Cada uno le parecía absolutamente fascinante. Poco a poco, su colección de sonrisas empezó a reclamarle a la princesa-monstruo que saliera de su palacio. Cada una le recordó el gran trabajo que estaba ignorando. Pero cuando fueron esas sonrisas del corazón las que le gritaron, no pudo más que abandonar su exilio. Armada con la valentía que las imágenes le infundían, abrió la puerta de su palacio, que rechinó, aunque con un sonido placentero.
Cuando salió, empezó a encontrar a los dueños de las sonrisas de su colección. Ella les regresó una sonrisa que ya no era de ellos, sino de ella. Todos los que le habían regalado una sonrisa, la abrazaban y se alegraban de que finalmente hubiera regresado. Entre todos la animaron con historias y momentos que ella se había perdido en su destierro.
Poco a poco fue ganando más confianza. Un día, la invitaron a una fiesta. La solemnidad de la ocasión la obligó a ir. Era la celebración de las luces nocturnas. Al llegar vio tantas personas que se asustó. Imaginó con todo detalle su monstruosidad. Cada uno de los elementos que componían esa fealdad infame. No se dejó desfallecer, pero tampoco se entusiasmó. Se sentó en un rincón y observó toda la fiesta. Se divirtió. Se rio. Incluso, solo por un momento, se olvidó de su fealdad.
A partir de ese día asistió a más y más celebraciones y fiestas, aunque siempre estaba en un extremo riendo al ver a los soberanos felices. Con el tiempo fue resignándose con su fealdad. Sabía que ella tenía que llevarles alegría y ligereza a los demás. No podía perderse esas sonrisas.
La siguiente celebración de las luces nocturnas, que en esa ocasión coincidió también con el año nuevo, la princesa llegó a la fiesta animada para otra velada de risas ocultas y sonrisas silenciosas. No estaba preparada para lo que le esperaba. La princesa estaba observando a unos reyes que bailaban en una coordinada sucesión de acrobacias incompletas, cuando escuchó una voz a un lado suyo que reía en paralelo casi perfecto con ella. La princesa no le prestó la menor atención. Príncipes desdichados había de sobra. La pareja de reyes seguía en su improvisada danza cuando una voz muy profunda pero con una centelleo lúdico dijo al oído de la princesa “que linda combinación hace el púrpura del rey con el dorado de la reina”. La princesa asintió, y continuó observando a la pareja. El corazón púrpura del rey realmente realzaba el dorado de la reina. La sincronía de los pasos, aunque parecieran tan absurdos, no hacía más que iluminar el dorado-púrpura de los danzantes.
Repentinamente la princesa se puso de pie. Giró su cabeza hacia la del príncipe y no pudo despegar la mirada. Sus ojos y los del príncipe se entrelazaron. Lo que a continuación sucedió es muy difícil de describir. Él reconoció en un instante a la princesa gentil y valiente. Ella vio que para él había llegado el final de una búsqueda ininterrumpida, y aunque para ella fue más difícil, casi al mismo tiempo ambos vieron el corazón del otro. El palacio desapareció y las luces nocturnas dejaron de ser lejanas. En el interior de una de ellas inició la más feliz de las fiestas que alguno de los dos hubiera conocido jamás. La música fue la más alegre y la más sutil. La comida la más suculenta. El baile el más fascinante.
Ninguno de los dos ha podido concluir esa mirada. Porque no está dentro del tiempo. 

**

Solicito a todos los lectores de este blog que me perdonen por tantos años de negligencia. Espero que no vuelva a pasar. También les agradezco a todos los que me han empujado a seguir. Aunque no se hayan dado cuenta.

sábado, abril 24, 2010

El día en el que todo se ve mal, siempre todo termina por verse bien. Este post está dedicado a una de mis más queridas compañeras: las paradojas, también llamadas coincidencias. ¿Te puedes imaginar a alguien exactamente igual a ti, pero que no eres tú? Yo no. Las cosas suceden de cierta forma que tomas un camino tan intrincado que es difícil que exista alguien igual a ti. Sólo para probar el punto, actualmente existen más de 11,500 millones de páginas web. Sin embargo, hace apenas una semana pude fácilmente encontrar un dominio disponible. Así también están los ejemplos de Ende y de Borges que afirman que con la combinación de sólo 27 caracteres se pueden encontrar todos los escritos, sus variantes y desviaciones, traducciones, versiones e interpretaciones. Las posibilidades de que ocurra que cuando tiras un dado de veintisiete caras aparezca una obra de arte son cercanas a cero. Si es así con un número fijo de posibilidades (27), ¿cuánto más complicada es una coincidencia (o paradoja)?

Yo creo que es, paradójicamente, en estas coincidencias donde se encuentra claramente la libertad, por decirlo así, vista desde el espejo. La persona X está hablando con la persona A de la persona R. Justo en ese momento, suena el teléfono y resulta que la persona R le llama a la persona A y le dice que se está en un café y vio a alguien que se parece muchísimo a A. La persona R, es absolutamente libre y por eso llama. La persona X es absolutamente libre y por eso habla de la persona R. La persona A es un testigo de primera mano de la libertad. De esa libertad que da vueltas, enroscándose sobre sí misma hasta parecerse a sí misma. Es ese haz lo que quieras que para llevarse a cabo termina negándose a sí mismo.

Así intrincado como es el camino, yo pido que mis dados no me dejen caer en el torbellino de irracionalidades incoherentes. Más aún, espero todavía que esta historia de una vuelta que me lleve ya a la siguiente página. O mejor, al siguiente capítulo. Pero claro, siempre en crescendo.

lunes, marzo 08, 2010

Dicen que los poetas necesitan inspiración. Yo no soy poeta. Pero me sobra inspiración.

El futuro es a veces como un tobogán de esos surrealistas que plantean unos giros inconcebibles llenos de luces, de colores y de olores. Las mismas flores que descansan sobre el ataúd enaltecen el altar nupcial. Los giros imposibles por los que se desliza caprichosamente el tiempo deshacen los sentidos, mientras nublan la vista agudizan el oído.
El exterior se deforma como el plástico frente a la hoguera. El movimiento juguetea y oscila. El interior palidece y llora. La pasión es tan intensa como privada. Y allá afuera, el sol sigue saliendo por el mismo este. Las nubes continúan su inacabable trayectoria a través de los cielos. Los muertos visitan la tierra y se regocijan, mientras los vivos lloran frente a sus tumbas.
Y las obras incompletas e inacabadas que parecen ocuparlo todo se derrumban y se reconstruyen en un solo giro de este tobogán inacabable. Los caminos nunca son convencionales. Atraviesan ríos rojos de locura mientras se internan en la serenidad absoluta del silencio. Y la sangre fluye, a veces al cerebro, a veces a los labios, a veces al suelo. Ese deseo ancestral penetra dentro de las uñas, y en lugar de irse mientras nadamos en esa agua espesa por la que transitamos, se anida y se extiende, cada vez más dentro y cada vez más profundamente.
¿Y qué queda? Puedo cerrar los ojos e imaginar que la vida es en realidad un enorme campo de girasoles que se extienden hasta el filo de esta montaña. Que un río ordena todo desde su lecho. Que un frondoso árbol extiende sus brazos para dar sentido al resto del paisaje. Que las nubes son en realidad ciudades inaccesibles. Que el cielo se extiende infinitamente gritando esas palabras que siempre han estado ahí y que nunca he podido pronunciar. Ahí, la pequeña niña que cuenta historias se acurruca debajo del árbol, contemplando absorta la belleza que se extiende.
Pero luego los abro. Y el frío desgarra con sus dientes afilados por el tiempo el inmenso campo, dejando sólo un girasol. La niña lo recoge con sumo cuidado y lo guarda en su bolsillo. El viento aúlla en el desolado paisaje. Las nubes con sus purpúreos teñidos recuerdan esa sangre roja como el río. La niña mueve la mano instintivamente y siente el calor que emana su pantalón. Con los ojos cerrados a todo sostiene en sus manos este último fuego quebrilla amarillo en un fondo de negro aterciopelado. Y avanza, sabiendo que nunca podrá saber lo que hay a la vuelta de esa calle, a la vuelta de ese próximo minuto.
.
A esa pequeña niña, porque no podrías no ser feliz.
A esa persona que hizo más que tanta gente en tan poco tiempo. Sé que sigues siendo feliz.

sábado, diciembre 12, 2009

Celebración de las 800 visitas a mi blog :D

Usualmente se dice que los articulistas o bloggeros tienen cuatro lectores. Yo sólo tengo uno: yo. Y me siento sumamente orgullosa. Creo que encontré por fin a alguien que entiende lo que escribo y que le gusta la manera en la que lo expreso. Por eso, ¡gracias! ¡Hoy llegué a las 800 visitas desde hace casi tres años! Me felicito. Quiere decir que veo aproximadamente una vez al día mi blog, más exactamente, .811 veces al día. ¡Enhorabuena!